miércoles, 21 de noviembre de 2018

Nacho Vegas: rabia y sentimiento.

El miércoles nos fuimos a una cita que había tardado un poco, no tanto como la de The Pixies.
Un par de cervezas previas y a ingresar junto con una gran cantidad de banda depresiva de edades algo avanzadas, o sea, pocos veinteañeros.
Un vato hizo de telonero y pasadas las 9 pm apareció Nacho con su banda y se dedicó a desangrarme el alma durante cerca de dos horas.
No se llenó el teatro, pero los que estuvimos ahí cantamos y coreamos sus canciones de mucho sentimiento en las letras y mucha rabia en las interpretaciones.
A la mitad, un colectivo feminista extendió su mensaje y la banda tocó una rola y mi desvastación sentimental se incrementó millones.
Hubo un par de rolas que me quedó a deber y aún así me siento satisfecho de esta cita que tuvimos todos con este señor fraudulento que canta depresivamente pero ha de tener una familia bien bonita.
La situación previa que me dieron The Pixies hizo que el impacto de Nacho Vegas fuera menor a que si esa semana hubiera acudido solamente a escucharlo a él.
Pero funcionó.
Mi depresión ha sido alimentada.
Tengo baby blues & roll.
Lloraré.

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