PARTE 2 LA DEPRESIÓN
Mi Sis fue la persona que más me apoyo en ese tiempo.
Recuerdo que alguna vez mi mamá le dijo: que bueno que vienes por él y lo sacas
porque no quiere hacer nada. No recuerdo las cosas que pasaron, pero tengo
fotos con esas fechas y eso me da una idea de lo que me puse a hacer. Conocí a
mucha gente, anduve en varios lugares, pero siempre estaba divagando y en aquellos
tiempos fue cuando mi Sis me preguntaba ¿Qué quieres? Y yo le respondía: morir.
Ella tuvo que soportar todo eso. Ella estuvo conmigo cuando
cumplí treinta añotes. Y así se fueron los años, ya cuando empezaba a moverme,
a salir de la tristeza de haberme separado de La Wera y considerar que las
cosas podían ponerse buenas para mi vida, un día me llamo una de sus tías,
haciendo la plática de que si las segundas oportunidades, de que si los cambios
de opinión y yo así de no pues no me interesa vieras que no.
Y ya.
Esa llamada random me sacó de balance, pero siguieron las
fiestas y el desmadre subsanador del vacío amoroso. Es que yo me quedé con
mucho amor en mi ser, me quedé con ese sentimiento que Arjona dice que no sabe
de dónde se apaga. Pero en ese momento mi enojo pudo más y no volví a buscar ni
una plática, ni una llamada, ni un mensaje. Nada de nada.
Andaba yo buscando rehacer mi vida ya fuera de la escuela,
cosa que iba a tardar mucho más de lo pensado, que iba a ser más complicado de
lo considerado, que iba a ponerme en situaciones laborales bien culeras y
precarias. Pinche título te lo pedían para ser cajero, porque de pasante nomás
no te contrataban en nada.
Y en lo profesional, mi Sis también me apoyó mucho.
Lo menciono porque ella también tenía sus temas personales
y profesionales, pero siempre ha estado en un punto mas balanceado de la vida
laboral que yo. Y aún con sus temas propios, siempre me estuvo apoyando en
todo; hasta amigas me presentaba para que yo saliera con ellas y yo así de ash.
En fin.
Recuperarme de una relación fallida en la que no supe qué
fue lo que paso, pero tampoco tuve el valor de tratar de arreglar las cosas me
llevo mucho tiempo y esfuerzo y entender un montón de cosas de mí, de la vida,
del trabajo, de lo que uno hace y uno deja de hacer. Cuatro años de hacer cosas
sin plena conciencia de estarlas haciendo, de empeñarme en sacar lo mejor de mi
pero siempre guardando el tema de los miedos y los complejos y las fallas y las
cargas innecesarias.
En aquel tiempo, cuando empezaron las redes sociales,
Facebook tenía una cosa llamada Farmville, un juego donde ponías una granja y
luego un pueblo y luego una ciudad. Y tenías muchas cosas, entre ellas
animales. Un día, me llegó una notificación de que la Wera le estaba dando de
comer a mis pollos. Y yo dije, bueno, pues así es esto de la vida virtual, no
pasa nada.
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