miércoles, 10 de febrero de 2021

Mis pas

 Con esto de la pandemia la convivencia se ha convertido en una cosa de anécdota, de eso que le cuentas a la gente de que antes era así, de que antes se juntaban todos, de que antes se reunía la familia.

Arriesgando todo, me fui a ver a mis pas, que viven ya en su merecido descanso después de una vida de trabajo y esfuerzo. Después de haber apoyado quién sabe a cuántos familiares que venían a intentarlo a la ciudá, después de haberlo dado todo para que estos dos mostros que tienen como hijos tuvieran todo lo que se pudiera tener. Y allá están ellos, preocupados, como todos, pero tranquilos como pocos.

Mi ma, después de dos operaciones a corazón abierto y un cateterismo, ahí anda, siendo ella como siempre ha sido. Mi pa con pocos malestares, los normales para un señor que se pasó su vida trabajando. Llenos de perras que los cuidan y los quieren y a las que les dan de comers y acicalan.

Yo los veo y me maravillo de la forma en que se supieron entender, de la convivencia que han desarrollado en sus 42 años de matrimonio, de la forma en que se cuidan. de la forma en que se quieren. Me maravillo de verlos disfrutando de la vida que ellos construyeron.

Yo me podría preguntar muchas cosas cuando los veo sobre el asunto de mi propia vida y qué chingados hacer con ella, pero la verdad es que eso me daría mucha preocupación y mejor nomás los veo y sonrío de que a pesar de tantas cosas, aún puedo compartir con ellos cierto tiempo, ciertas llamadas, ciertos mensajes.

Y ahora que  la vida se complicó y tuve que acudir por un consejo, por una palabra de aliento y me recibieron con los brazos abiertos, la comida de mamá, la sabiduría de papá, las perras que me muerden jugando y la tranquilidad de su santuario de plantas y animales.

Yo solo quiero presumirles que mis pas son bien maravillosos y extraordinarios. Yo solo quiero recomendarles que aquellos que aún tengan a sus pas, a sus abuelos, que aprovechen para mostrarles su amor y decirles lo importantes que son en su vida.

No se esperen a llevar los mariachis cuando ya ellos no los puedan escuchar, a llevarles las flores cuando ya no las puedan oler, a quererlos abrazar cuando ya no puedan abrazarlos.

Rufino y Teresa, mis pas.

Tan hermosos.


 

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