lunes, 22 de febrero de 2021

Es de que los masivos

 Cuenta la leyenda que antes del Covid, había eventos donde se juntaban miles de personas a consumir cantidades industriales de cerveza, tomarse selfies, establecer lazos sociales de la mas diversa manera y en el inter, escuchar a varios grupos musicales en eventos que a veces se celebraban dos días seguidos o nomás era un día pero todo el día, así desde temprano hasta que era bien noche.

Festivales les llamaban.

Yo de morro casi no iba a los toquines, ya fue cuando pude pagar las cantidades necesarias de efectivo que costaban los boletos que pude asistir y me hice algo aficionado a irme a amontonar con miles de pelados que queríamos escuchar las rolas favoritas de nuestro grupos favoritos. Uno de los lugares que mas funcionó para esos fines fue el Foro Sol o Curva 4 del Autódromo o quién sabe que nombre de patrocinador tuviera cuando nos cayo la justicia epidémica. 

Ahí estuvimos en los Vive Latino, en los Hell and Heaven, en el Wirikuta y cuestión aparte fue el Knotfest fraudulento al que asistimos y que ya nomás me quiero acordar del marranazo que se metió el Amin y ya.

De nada más.

Los festivales eran una onda bien chida porque había varios escenarios, un chingo de grupos y entonces tenías que estar haciendo la administración de tiempos que no haces ni con los horarios de la escuela o el trabajo, ni cuando viajas ni nunca más. Nomás en los festivales andabas ahí sacando cálculos de los tiempos y que si ibas a este escenario y veías nomás tantito de tal artista porque sino no llegabas al otro escenario y que si este escenario nunca lo visitarías porque pues a nadie le interesa y así.

La cerveza indio es la que siempre me va a recordar estos festivales, la comida no, porque en realidad vivía uno de la dieta líquida. La cerveza la bebías o la recibías ya procesada en un literal baño de pueblo, tus costillas eran puestas a prueba cuando querías estar lo más cerca del escenario, tu resistencia era la de Rambo en la montaña y Bruce Lee dando karatazos, para que aguantaras más de doce horas de paz y baile. Porque había por lo general poco baile y muho pas pas con el slam (ojos morados, raspaduras en codos y rodillas, labios rotos, dedos chuecos, panzas adoloridas) pero intoxicados por la danza tribal masiva nada te dolía hasta como tres días después.

Y todo eso que se disfrutaba roqueando y slameando y bebiendo y cantando, se pagaba con la peregrinación para salir del Foro Sol, No mamen criaturas. Esa peregrinación era pior que la de la Basílica. Ahí te dabas cuenta de si te habían bajado la cartera o el celular, de si todavía traías zapatos; ahí recordabas que habías llegado con unos amigos o parientes o parejas y no con esos cabrones descamisados con los que estuviste intercambiando sudor o con esas féminas con las que estuviste intercambiando saliva y otros fluídos al son de la tambora.

¿A quiénes no vi en esos masivos?

Café Tacvba, Nortec, Los Fabuloso Cadillacs, Celso Piña, Control Machete, Panteón Rococo, Julieta Venegas, Prodigy, Ska-P, Fobia, Bunbury, Calle 13, Caifanes, Austin TV, Brujería, Ozzy Osborne, Rob Zombie, Limp Bizkit, Judas Priest, Megadeth, Kiss, nomás por acordarme de unos cuantos.

Era bien emocionante acudir a estas reuniones masivas porque conocías gente, conocías de grupos, te la pasabas chido, te distraías de las preocupaciones, liberabas todo tu stress, sacabas todo lo que tenías ahí guardado y al final descansabas, te sentías liberado, te desgarrabas la garganta, te soltabas a llorar o reir, te la pasabas chingón.

Los masivos tenían una magia muy chida que no creo que volvamos a vivir pronto, pero sé que todavía tenemos un masivo pendiente criaturas. 

Un slam de despedida porque las rodillas no son para siempre.

Les quiero y les mando besitos festivaleros con camiseta conmemorativa.


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