Cuando el PRD llegó al gobierno de la ciudad se preocupó en hacer algo que los gobiernos anteriores no habían hecho: darle al pueblo pan y circo. Mas circo porque no había pan.
Y fue así como la chaviza conocimos los conciertos y su lenguaje, todos nos cuidamos, todos nos echamos la mano, levantas al que se cae, cada quien sus drogas o no, entre todos nos cuidamos para evitar que la tira nos quiera agandallar.
Y me junté con la banda juvenil que conocí en los scouts y nos ibamos al toquín y echabamos desmadre y nos cuidabamos entre todos, el tiempo que estuvimos juntos. Después seguí acudiendo a los toquines pero ya con otras amistades y con la pareja, que dejenme decir que los toquines con la pareja son bien bonitos para mi.
Y ahí, en la plancha del Zócalo capitalino vi a tantos y tantos en conciertos individuales y festivales que se organizaban y que nos dejaban echar desmadre juvenil. Tantos que disfrute porque al final pos era gratis.
Juan Gabriel (con mi cabecita blanca), Ricky Martin, Residente, Alejandra Guzmán, Plastilina Mosh, Illya Kuryaky, Hello Seahorse, Moderatto, El Tri, Fatboy Slim, Maldita Vecindad, entre muchos mas.
Pero los que nunca voy a olvidar son dos concierto de Café Tacvba que fueron épicos, en el segundo el Zocalo estaba tan hasta la madre, que como no hubo transporte, la gente testifico los ríos de chavos que tuvieron que regresar a casa a patin.
El histórico concierto de Manu Chao, ahí estuvimos siendo aplastados y sobreviviendo al mar de chavos que ahí estuvimos brincoteando y formando parte de la historia sin saber que estábamos siendo parte de la historia.
Y el concierto de The Pixies.
Uno de los momentos más hermosos de mi vida, desde que empezaron a tocar el intro de Gouge Away mis ojos empezaron a llorar y así me la lleve todo el concierto.
Tooooooooooooodo
Más de dos horas llorando pero cuando cerraron con Gigantic, fui poseído por el espíritu de María Magdalena y me quebré a berrear como si la vida se me estuviera yendo. Ese momento fue liberador en mi vida por un montón de razones y a partir de esa noche, las cosas han cambiado mucho en mi vida y siempre sonrió bien chido.
No he dejado de llorar, cuando lloro, lloro mucho y bien.
Pero el llanto que The Pixies me ayudo a liberar en su concierto del Zócalo, era un llanto que me estaba consumiendo mi ser. Y por eso siempre voy a llevarlos en mi corazón.
Ojalás algún día volvamos a cantar todos en el Zócalo.
Mientras les mando cariño y besitos.

¡Yo fui contigo a ese toquín de los tacubos!!! ¡Qué buena pachanga!
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