viernes, 26 de febrero de 2021

Los conciertos

 Cuando son de un solo grupo tienen una magia muy especial porque independientemente de que lleven invitados, vas por ese grupo, ese cantante en específico.

Por esa rola, por ese espacio donde vas a cantar y a desahogarte explotando de alegría, de tristeza, de melancolía, maravillado por el espectáculo visual o sintiendo que es un concierto muy íntimo disfrutando de la presencia de la banda o cantante. Siempre fueron experiencias muy hermosas.

Desde la experiencia infantil apreciada a la distancia de que mi primer concierto fue con los Que Payasos, no lo recuerdo más que por el pequeño poster que conservaba, ver a El Tri junto a mi hermano rodeados por la banda pacheca de Ecatepunk y Nezayork; sacar a mi hermano a que respire después de ser golpeado en el slam de Brujería; equivocarnos de asiento tres veces y quedar de frente a mi Belinda; ver volar a Katy Perry y que saque la lengua cuando pasa frente a nosotros; escuchar a Lisa Gerrard decirnos unas bonitas palabras en español al final del concierto de Dead Can Dance; brincar en el cuarto tono de la primer rola de Korn y que ellos la alargaran hasta ocho; disfrutar el tercer encore que Fangoria nos regaló en Día de Muertos; cantar Clara bañado en llanto y decir que me gusta No Te Va Gustar; ver una bandera mexicana gigante en la pantalla que trajo U2 para su última gira; walzear con mi cabecita blanca al ritmo de la orquesta de Andre Rieu; aguantar un temblor justo antes de que The Cure diera el concierto más largo de mi vida; recibir unas palmaditas de cariño de mi Sis mientras Nacho Vegas me destrozaba el alma; platicar con la morra de Austin TV después de su concierto y espantarla por freak; ser invitado sin ser invitado a ver al reverendo Marylin Manson en lo que según era su concierto de despedida; ser cachondeado por una grupi cachondeada por ver en vivo a Rammstein, cantar como niño con miles de personas más que cantaban como niños en la primer gira de 31 Minutos; compartir con mi carnal el Árabe mi primer concierto de Iron Maiden; no poder hacer una wall of death en el Circo Volador con mis carnales viendo a Cavalera Conspiracy; maravillarme con la teatralidad de Tilo en el concierto de Lacrimosa; ver desde las gradas como el Cafe Tacvba se ha vuelto un evento familiar; recibir un abrazo de mi hermano mientras me dice Tocan bien chido en el concierto de The Pixies y, como todos imaginan, otra vez yo bañado en llanto.

Fueron tantas emociones vertidas en canciones y precopeo y alcohol y tacos después del evento.

Bellas experiencias compartidas con mi gente.

Les quiero.


miércoles, 24 de febrero de 2021

Los toquines en el Zócalo

 Cuando el PRD llegó al gobierno de la ciudad se preocupó en hacer algo que los gobiernos anteriores no habían hecho: darle al pueblo pan y circo. Mas circo porque no había pan.

Y fue así como la chaviza conocimos los conciertos y su lenguaje, todos nos cuidamos, todos nos echamos la mano, levantas al que se cae, cada quien sus drogas o no, entre todos nos cuidamos para evitar que la tira nos quiera agandallar.

Y me junté con la banda juvenil que conocí en los scouts y nos ibamos al toquín y echabamos desmadre y nos cuidabamos entre todos, el tiempo que estuvimos juntos. Después seguí acudiendo a los toquines pero ya con otras amistades y con la pareja, que dejenme decir que los toquines con la pareja son bien bonitos para mi.

Y ahí, en la plancha del Zócalo capitalino vi a tantos y tantos en conciertos individuales y festivales que se organizaban y que nos dejaban echar desmadre juvenil. Tantos que disfrute porque al final pos era gratis.

Juan Gabriel (con mi cabecita blanca), Ricky Martin, Residente, Alejandra Guzmán, Plastilina Mosh, Illya Kuryaky, Hello Seahorse, Moderatto, El Tri, Fatboy Slim, Maldita Vecindad, entre muchos mas.

Pero los que nunca voy a olvidar son dos concierto de Café Tacvba que fueron épicos, en el segundo el Zocalo estaba tan hasta la madre, que como no hubo transporte, la gente testifico los ríos de chavos que tuvieron que regresar a casa a patin. 

El histórico concierto de Manu Chao, ahí estuvimos siendo aplastados y sobreviviendo al mar de chavos que ahí estuvimos brincoteando y formando parte de la historia sin saber que estábamos siendo parte de la historia.

Y el concierto de The Pixies.

Uno de los momentos más hermosos de mi vida, desde que empezaron a tocar el intro de Gouge Away mis ojos empezaron a llorar y así me la lleve todo el concierto.

Tooooooooooooodo

Más de dos horas llorando pero cuando cerraron con Gigantic, fui poseído por el espíritu de María Magdalena y me quebré a berrear como si la vida se me estuviera yendo. Ese momento fue liberador en mi vida por un montón de razones y a partir de esa noche, las cosas han cambiado mucho en mi vida y siempre sonrió bien chido.

No he dejado de llorar, cuando lloro, lloro mucho y bien.

Pero el llanto que The Pixies me ayudo a liberar en su concierto del Zócalo, era un llanto que me estaba consumiendo mi ser. Y por eso siempre voy a llevarlos en mi corazón.

Ojalás algún día volvamos a cantar todos en el Zócalo.

Mientras les mando cariño y besitos.


lunes, 22 de febrero de 2021

Es de que los masivos

 Cuenta la leyenda que antes del Covid, había eventos donde se juntaban miles de personas a consumir cantidades industriales de cerveza, tomarse selfies, establecer lazos sociales de la mas diversa manera y en el inter, escuchar a varios grupos musicales en eventos que a veces se celebraban dos días seguidos o nomás era un día pero todo el día, así desde temprano hasta que era bien noche.

Festivales les llamaban.

Yo de morro casi no iba a los toquines, ya fue cuando pude pagar las cantidades necesarias de efectivo que costaban los boletos que pude asistir y me hice algo aficionado a irme a amontonar con miles de pelados que queríamos escuchar las rolas favoritas de nuestro grupos favoritos. Uno de los lugares que mas funcionó para esos fines fue el Foro Sol o Curva 4 del Autódromo o quién sabe que nombre de patrocinador tuviera cuando nos cayo la justicia epidémica. 

Ahí estuvimos en los Vive Latino, en los Hell and Heaven, en el Wirikuta y cuestión aparte fue el Knotfest fraudulento al que asistimos y que ya nomás me quiero acordar del marranazo que se metió el Amin y ya.

De nada más.

Los festivales eran una onda bien chida porque había varios escenarios, un chingo de grupos y entonces tenías que estar haciendo la administración de tiempos que no haces ni con los horarios de la escuela o el trabajo, ni cuando viajas ni nunca más. Nomás en los festivales andabas ahí sacando cálculos de los tiempos y que si ibas a este escenario y veías nomás tantito de tal artista porque sino no llegabas al otro escenario y que si este escenario nunca lo visitarías porque pues a nadie le interesa y así.

La cerveza indio es la que siempre me va a recordar estos festivales, la comida no, porque en realidad vivía uno de la dieta líquida. La cerveza la bebías o la recibías ya procesada en un literal baño de pueblo, tus costillas eran puestas a prueba cuando querías estar lo más cerca del escenario, tu resistencia era la de Rambo en la montaña y Bruce Lee dando karatazos, para que aguantaras más de doce horas de paz y baile. Porque había por lo general poco baile y muho pas pas con el slam (ojos morados, raspaduras en codos y rodillas, labios rotos, dedos chuecos, panzas adoloridas) pero intoxicados por la danza tribal masiva nada te dolía hasta como tres días después.

Y todo eso que se disfrutaba roqueando y slameando y bebiendo y cantando, se pagaba con la peregrinación para salir del Foro Sol, No mamen criaturas. Esa peregrinación era pior que la de la Basílica. Ahí te dabas cuenta de si te habían bajado la cartera o el celular, de si todavía traías zapatos; ahí recordabas que habías llegado con unos amigos o parientes o parejas y no con esos cabrones descamisados con los que estuviste intercambiando sudor o con esas féminas con las que estuviste intercambiando saliva y otros fluídos al son de la tambora.

¿A quiénes no vi en esos masivos?

Café Tacvba, Nortec, Los Fabuloso Cadillacs, Celso Piña, Control Machete, Panteón Rococo, Julieta Venegas, Prodigy, Ska-P, Fobia, Bunbury, Calle 13, Caifanes, Austin TV, Brujería, Ozzy Osborne, Rob Zombie, Limp Bizkit, Judas Priest, Megadeth, Kiss, nomás por acordarme de unos cuantos.

Era bien emocionante acudir a estas reuniones masivas porque conocías gente, conocías de grupos, te la pasabas chido, te distraías de las preocupaciones, liberabas todo tu stress, sacabas todo lo que tenías ahí guardado y al final descansabas, te sentías liberado, te desgarrabas la garganta, te soltabas a llorar o reir, te la pasabas chingón.

Los masivos tenían una magia muy chida que no creo que volvamos a vivir pronto, pero sé que todavía tenemos un masivo pendiente criaturas. 

Un slam de despedida porque las rodillas no son para siempre.

Les quiero y les mando besitos festivaleros con camiseta conmemorativa.


martes, 16 de febrero de 2021

Esa pieza que me falta...

 y no hablo de la pieza de pollo para llenar el paquete de 12 piezas con 4 bisquets y complementos.

O esa pieza que nunca pudimos bailar tu, con tu vestido largo y yo con un traje bien padrote.

Hablo de esa pieza que no traigo de fábrica, de aquella que siempre me ha dejado un hueco en mi alma, en mi ser, en mi mismo. Esa pieza que el fabricante no incluyó y que hubiera sido bueno reclamar que me entregarán completo, que se hubiera hecho válida la garantía, pero creo que cuando fuimos a reclamar nos pidieron el ticket y ya lo habíamos perdido.

A estas alturas de la vida, con una pandemia que no vimos venir, estamos mas rotos de lo que estábamos; estamos peleando muchas batallas en muchos frentes al mismo tiempo, multifuncionalidad de pelea, madrazos físicos, metafísicos, psicológicos, psicóticos, paranormales, visuales y auditivos, distintivos y con aditivos; las batallas del desierto y del océano y del bosque y la carretera, el club de la pelea interna contra mi mismo y mis fantasmas y mis demonios y mis dulzuras y mis querubines y mis amores.

Hay momentos en los que los restos de mi ser interno de hace eones incontables de oscuridad se asoman de repente y me quieren hacer regresar a esa versión triste y decadente de mi yo adolescente emo y depresivo, de aquel que no se quería y que no se valoraba y que nomás estaba ahí sirviendo las bebidas de la vida y dispuesto a servir de escalón y de apoyo legal e ilegal. Es cierto, ahí pase gran parte de mi vida siendo un ser que pedía y mendigaba atención y amor: bailo por un beso, trabajo por comida, doy show por afecto falso, prostituto de mis sentimientos.

Y aunque parezca que no es seductora la oferta, lo es. Porque ese territorio es territorio conocido, es la zona de confort, es el lugar que se identifica como la casa donde crecí, mi refugio ante las tragedias, el hospital de mis sentimientos donde todo yo estaba mal y merecía todo lo malo y nada me iba a salir y asi.

Por eso es atractiva la oferta, porque es algo que todo yo reconozco.

Pero no es momento de regresar, es momento de avanzar, de seguir construyendo este yo que soy que está cimentado en amor, amor propio, amor de mi familia, amor de mis amigos. Este yo que se alimenta de tacos y frutas y verduras y agua simple y jugo antigripal y un poco de cerveza y mezcal y coca cola.

Este yo que se nutre con música de todo tipo, con muchas pelis de terror pero también con animación y superhéroes y aventura y axion y poquito romance, nomás cuando me invitan a ver esas cosas cursis. Este yo que a pesar del tsunami confió en que tengo lo que necesito para salir adelante, para lograr lo que me propongo, para mantenerme bien, sereno, tranquilo, amoroso, fuerte, saludable, hermoso, precioso, chulo de bonito que hasta a besos me quiero agarrar yo mismo.

Darth Vader decía que el lado oscuro estaba chido, pero eso nomás era porque él es Darth Vader. Él es el lado oscuro. Así está bien chingo. Sondear las profundidades y alimentarte del fango del lado oscuro está bien culero y hace daño. Salir de ese tipo de cosas en tu ser es algo bien difícil, es una lucha de día con día. Es interna y eso la hace más complicada porque no hay quien te pueda meter mano para arreglar lo que traes ahí. Es una auto curación que se obtiene de manera personal, propia e individual sin pedirte el INE a ti mismo, ni registrarte en el padrón electoral de otra persona.

Y aunque a veces uno se la tiene que rifar solito como Mad Max, también ya he aprendido a que no está de más traer una botellita de agua. Y un sandwich. O unas alitas. O unos tacos y una coquita.

Y aunque me falta una pieza, con el tiempo he aprendido a que por ahí en vez de que sea el lugar donde trate de acomodar ciertas cosas para rellenar ese espacio, mejor dejo que funcione como una ventila o como un agujero para drenar todo lo que ya no me hace bien. Y ha funcionado.

¿Cómo sé que ha funcionado?

Mi sonrisa no es fingida, mi sonrisa surge desde lo más profundo de mi ser y se ve muy bien porque refleja la paz con la que estoy viviendo. Eso es un premio para mi.

De mi para mi.

Les quiero y les mando besitos en su ser. Abracitos sin covids.


 

miércoles, 10 de febrero de 2021

Mis pas

 Con esto de la pandemia la convivencia se ha convertido en una cosa de anécdota, de eso que le cuentas a la gente de que antes era así, de que antes se juntaban todos, de que antes se reunía la familia.

Arriesgando todo, me fui a ver a mis pas, que viven ya en su merecido descanso después de una vida de trabajo y esfuerzo. Después de haber apoyado quién sabe a cuántos familiares que venían a intentarlo a la ciudá, después de haberlo dado todo para que estos dos mostros que tienen como hijos tuvieran todo lo que se pudiera tener. Y allá están ellos, preocupados, como todos, pero tranquilos como pocos.

Mi ma, después de dos operaciones a corazón abierto y un cateterismo, ahí anda, siendo ella como siempre ha sido. Mi pa con pocos malestares, los normales para un señor que se pasó su vida trabajando. Llenos de perras que los cuidan y los quieren y a las que les dan de comers y acicalan.

Yo los veo y me maravillo de la forma en que se supieron entender, de la convivencia que han desarrollado en sus 42 años de matrimonio, de la forma en que se cuidan. de la forma en que se quieren. Me maravillo de verlos disfrutando de la vida que ellos construyeron.

Yo me podría preguntar muchas cosas cuando los veo sobre el asunto de mi propia vida y qué chingados hacer con ella, pero la verdad es que eso me daría mucha preocupación y mejor nomás los veo y sonrío de que a pesar de tantas cosas, aún puedo compartir con ellos cierto tiempo, ciertas llamadas, ciertos mensajes.

Y ahora que  la vida se complicó y tuve que acudir por un consejo, por una palabra de aliento y me recibieron con los brazos abiertos, la comida de mamá, la sabiduría de papá, las perras que me muerden jugando y la tranquilidad de su santuario de plantas y animales.

Yo solo quiero presumirles que mis pas son bien maravillosos y extraordinarios. Yo solo quiero recomendarles que aquellos que aún tengan a sus pas, a sus abuelos, que aprovechen para mostrarles su amor y decirles lo importantes que son en su vida.

No se esperen a llevar los mariachis cuando ya ellos no los puedan escuchar, a llevarles las flores cuando ya no las puedan oler, a quererlos abrazar cuando ya no puedan abrazarlos.

Rufino y Teresa, mis pas.

Tan hermosos.