Requiere la mínima esperanza de que las cosas van a salir bien.
Sólo eso.
No se necesita la certeza de saltar protegido, de tener previsto el método de frenado, de tener ubicado el lugar donde vas a caer.
Se trata de saltar con la esperanza de que va a salir bien.
De que llegarás al suelo sin mayores complicaciones y habrás liberadote de tantas cosas que solamente te daban peso extra.
Por otro lado, el salto al vacío implica también que puede que todo salga como se supone que debe de salir y sólo te rompas la madre si bien te va o se te acabe la vida de una forma inmediata y precisa.
Aún así soy un creyente de que este salto al vacío es lo mejor de lo mejor que he hecho en toda mi vida. No tengo miedo, no tengo presión, no tengo que perder, no tengo ataduras, no tengo equipaje documentado.
Tengo una enorme oportunidad de ser lo que siempre he querido ser empezando desde mi para estar en donde quiero estar.
La posibilidad de obtener resultados benéficos para la vida tiene un gran margen de poder ser, logrando lo cual, el camino se ha de tornar escabroso lo menos de él y transitable cómodamente en su mayor tramo; solitario siempre aunque brevemente en este instante de la mano viajamos conociendo a nosotros y a uno propio, mezclando lo bueno y lo malo con resultados variables de aprendizaje garantizado y de paciencia requerida.
La caída libre ha de realizarse con los resultados que se obtengan se ha de aprender, porque a final de cuentas, no se lanza uno sólo por lo maravilloso de la caída, sino por la reconstrucción que he de presentar para llegar al punto de aterrizaje como un nuevo yo con lo vivido y sin el peso de la culpa, de la tragedia, del dolor, de la tristeza y de la calamidad.
El primer paso será diferente a todos los demás, porque será el inicio de una nueva vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario