jueves, 24 de marzo de 2016

El que no se fue a la Villa...

no tiene silla.
Creo que todo lo que pasa es por seguir un orden, nada es una coincidencia. Todo pasa por algo.
El orden implica que también hay desorden.
Y creo que eso es lo que está pasando.
Hace 20 años cuando decidí que le iba a echar ganas (en realidad nomás decidí seguir respirando, nunca le he hechado ganas) no pense que iba a durar tanto. Ese es el problema.
Cada día estoy más convencido de que aquel ser que organiza todo, me observó y pensó "Bueno, otro más que se raja en el camino, vamos cancelando su participación." Y entonces todo lo que estaba ordenado para que yo participara fue cancelado.
El detalle es que soy tan insignificante que no se percató que me retracté y aquí sigo. Ocupando un espacio donde no debería de estar, peleando por un sitio que ya no está disponible, chingándome porque me cancelaron la inscripción a la vida pero sigo vivo.
Por eso es bien difícil hacer las cosas.
Por eso siento que no me hallo, que no pertenezco, que no quepo, que no y que no.
Y si, he sido testigo de muchas cosas hermosas, he participado en unas cuantas.
He vivido lo bueno, lo malo y lo pior.
En realidad no habría tanto problema sino fuera por esa caricia nocturna diaria que me da la soledad y que yo no quiero. Tengo amistades que se alegran de su soledad. Porque ellas eligieron ese camino.
Pregunta: ¿Cómo se sentirían si siempre estuvieran acompañadas cuando en realidad quieren estar solas?
Así, de esa manera, me siento yo que me caga estar solo y abandonado.
Me corroe los pinches huesos con un frío que se me queda en el pecho y en la espalda.
No se quita con cobertores, agua caliente o café cargado.
Es un frío que me consume poco a poco.
Porque otra cosa de la que me he dado cuenta es que la duración de mi vida no está en mis manos.
No me corresponde hacer el intento con la soga, el cuchillo o las vías del metro.
Sólo tengo que esperar a que aquel ser que organiza todo se de cuenta de que hay una pieza de más en el tablero y me arranque de aquí como el migajón del bolillo existencial.
Paciencia y frío.
Es lo único que tengo.
Es todo lo que me queda.

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