Todos tenemos nuestra concepción del Amor.
Mucho tiempo he escuchado a gente discutiendo, argumentando, peleando, tratando de imponer su versión del Amor sobre la versión del Amor de los otros. Porque durante mucho tiempo, la gente creía que si su versión del Amor no estaba por encima de la versión del Amor de los otros, eso quería decir que su versión del Amor estaba equivocada, que no era válida (o sea era inválida jajajaja), que había que cambiar y adoptar la versión correcta del Amor.
Lo bueno, es que en estos tiempos que vivimos, se acepta que el Amor tiene muchas formas de existir, muchas variantes, que no a todos nos va a gustar la forma de Amor que tiene nuestra gente cercana, nuestros familiares, nuestros conocidos. Pero aquí nadie va a convencer al otro. Aquí cada quien tiene la libertad de escoger (y coger) la versión que mejor le acomode (y le guste acomodar).
No todos lo entienden así, pero pues cada quien.
El Amor es la fuerza que me mueve, es la energía que me pone de pie, que me hace hacer, que me hace no hacer, que me lleva, que me trae, que me avienta, que me contiene, que me decide, que me deja pensando, que me baila, que me descansa, que me hace soñar, que me hace imaginar, que me hace hacer.
Y he aprendido en el camino muchas versiones de Amor, muchas variantes. Y aunque a veces he vivido situaciones que del otro lado se tomaban como amorosas, para mi no lo fueron y he ahí que no estemos más en esa situación. Porque cada persona va encontrando y declarando de qué forma quiere que la amen, con qué acciones se siente amada, con que acciones muestra su Amor. Y ahí es donde nos vamos acomodando o no nos acomodamos. Así de fácil. Así de complicado.
El Amor para mi es un fuego que, tradicionalmente me enseñaron, debes de compartir con alguien más y se consumirán juntos de aquí al final de los días. Pero... resulta que me estoy quemando solo. Me veo y veo una versión amorosa de la Antorcha Humana y me pregunto: ¿qué pex? ¿Por qué me estoy quemando solo si me dijeron que me tenía que consumir con alguien más?
Y así me siento a pensar. Reflexiono y entiendo y avanzo en la vida.
Y entonces me quemo solo, pero no me consumo.
Soy Amor. Doy Amor.
A quien ha llegado de repente le ha parecido demasiado fuego y algunas personas han tratado de apagarlo y algunas personas mejor se han retirado. Demasiado fuego, muy peligroso, me puedo quemar he escuchado en su retirada. Y no pasa nada. Repito, cada quien se acomoda o no se acomoda.
Y estoy en llamas amorosas.
Ya no me apague y ahora el Amor me mantiene encendido, pero no me consume. Me cuido, me quiero, me procuro, me ocupo de mi. Esa llama amorosa la empleo en mis cuidados diarios, en mis detalles propios, en mi día a día. Me empeño en mi cuidado, en mi comida, en mi protección.
Aunque a veces falló, me enfermó, me accidento, me pongo triste, lloro.
Pero no es terminante. No es que me caiga y me revuelque en la suciedad y el dolor.
Eso ya pasó hace mucho tiempo.
Sencillamente lo vivo, lo siento, lo sufro, lo saco de mi sistema, baja un poco la llama amorosa, pero después vuelve a subir a su nivel de flama eterna y me sigo moviendo, sigo haciendo, sigo viviendo, sigo imaginando, sigo riendo, sigo y sigo y sigo.
Si llega alguien a compartir la llama, bienvenida sea esa persona. Aunque no es una meta obsesiva de cumplir. Es más bien un asunto que puede o no puede pasar, pero mientras tanto, esa llama amorosa sirve para que mi gente sienta ese calorcito bonito que se siente cuando sabes que alguien te quiere mucho, no importa si estás muy cerca o muy lejos; no importa si estás muy presente o estás muy ausente.
Aquí hay Amor para mi gente.
Y saluditos.
Y besitos.

