En marzo regresamos a Guadalajara.
Hace mucho que le debía esa visita a mi Hermana de la Maldá y mi Sobrina de la Bondá.
Y que me pongo a buscar que aca el hospedaje en el eirbianbi y que vamonos en camión.
La salida fue un desmadre, ya estaba en el camión y que me bajan que poreuq ese no era y corre a la otra sala de espera y brinca la fila y llega al camión y que no, que va retrasado y que sale una hora después (ches mamadas).
Y que el camión llega a Zapopan pero nomás otro morro y yo íbamos para allá. Todos los 40 y pico pasajeros más iban a otro destino y que bájate del camión antes de que se arme el desmadre.
Y pues ya, llegué con mi Carnala que me abrazó y me rompió dos costillas con su delantera nueva (questapasandaaaaaaaaa) y mi sobrina hermosa acá bien grandota y muy feliz de verme otra vez porque ya no se acordaba de mi (al segundo día ya no sabía por qué estaba yo allí interrumpiendo su rutina de fin de semana).
Harta tragadera, mucha cerveza, conocí a un par de amigas nuevas que son muy encantadoras y que como todas las tapatías, tienen unos ojos herrrrrrrrrrmosos, pero por encima de todo, son muy buena onda y muy cotorras.
Que la visita al parque, que el Comedor Chapultepec, que el Día de San Patricio y la cerveza verde, que el paseo por el centro, que el desmadre con un asunto de una foto, que la amiga molesta que me andó a la verch, que que chido que nos volvimos a ver después de varios años.
Rosa es una persona encantadora, sincera, muy real, muy de una pieza (aunque tenga piezas extras actualmente) y desde que nos conocimos hicimos click hermanal porque ambos somos unos sucios y desmadrosos. Siempre voy a estar agradecido de habernos encontrado en el camino de la vida y siempre voy a presumir a mi Hermana de la Maldá.
Y también me tome un tejuino.
¡Cómo chingados no!
Esa fue la parte 3.

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