martes, 23 de mayo de 2017

La felicidad...

es un estado en el que nos podemos encontrar sinceramente o no. Depende de cada quien.

Yo estoy feliz.

Lo reafirme el fin de semana en un viaje de experiencia espiritual con parte del grupo de trabajo que hemos aceptado nuestra locuray la compartimos muy bonitamente.

Fuimos a Cuernavaca y aunque nos hospedamos en el hotel del terror, la experiencia fue grande, hermosa y muy interesante. Me ayudó a afirmar que estoy caminando por el sendero adecuado de la vida y que este es el mejor momento, porque no hay ayer, no hay mañana.

Ahora.

Chris Cornell se suicidó y eso no es agradable.

Porque me hace recordar la mortuoria sombra del grunge y me queda claro que no se trató de una moda musical, sino de un estilo de vida.

Y me recordó que aunque parezca que las cosas están bien, cuando traes una herida profunda, un vacío que no se puede llenar, un frío que no se quita con nada. Cuando eres así de fábrica y le falta una pieza a tu rompecabezas, en cualquier momento te vas a acordar que esto no tiene sentido y darás el salto al otro lado y dejarás de respirar y de registrar latidos de tu corazón.

Aún así, sigo feliz.

A pesar de que Nacho Vegas me apretuja el corazón como servilleta en puesto de tacos de guisado después de limpiar una boca cebosa de labios partidos y bigotes mal cortado.

A pesar que The Cure me deprime con alegría de poder escucharlos pero con dolor de la ausencia evocada en sus rolas, sobre todo en las de mayor duración.

A pesar de que Mudhoney me recuerda que no hay forma de ganar pero que tampoco hay nada que perder y por eso mismo ya ganamos aunque estemos en el fango.

A pesar de que la distancia de mi CdeO por sus intereses esotéricos la han llevado a cambiar sus hábitos y la van a desaparecer en algún momento de este plano material.

A pesar de eso.

Porque es bonito para mí existir, ayudar, compartir y ver crecer a los míos,

Que ni son míos, pero están conmigo.

Porque es bonito ver a esos enanos que aprenden mucho y agradecen con una sonrisa, una mirada y un abrazo sincero que los ayudes con lo poco que tienes, con lo poco que puedes dar, con lo mucho que quieres ayudar.

Es bonito.

Estoy feliz.

Porque mis lágrimas fueron de agradecimiento y no de dolor.

Porque crecemos juntos como equipo, como familia, como seres humanos.

Porque en este momento me siento mío y conmigo.

Por eso estoy feliz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario