Triplemania XXV se celebró.
Antonio Peña tomó la decisión de separarse del CMLL y crear una nueva empresa de lucha libre en México. Lo consiguió, se ha mantenido, pero el evento de ayer fue una muestra de que están trabajando como se trabaja en la actualidad: por dinero y sin respeto a la clientela.
No voy a resumir todos los errores que se dieron en cada una de las luchas, menciono que la planeación puede haber sido muy buena, pero el desarrollo fue error tras error. Algunos elementos de la empresa siempre dan la nota y se merecen una ovación. Pero aquellos que sólo salen a pasear, combinados con el mal manejo de las historias, nos da como resultado un espectáculo que va haciendo que la gente se desespere y lo muestre al abuchear a la jefa mientras daba unas palabras.
La lucha de máscaras estuvo buena. Fue muy impactante para mi escuchar la tercer palmada caer y saber que Dr Wagner Jr tendría que quitarse su máscara y dar a conocer su rostro y nombre.
La convivencia con mi padre estuvo chingona y eramos dos morros disfrutando de un espectáculo.
Eso es lo bueno de la situación.
Es hermoso poder compartir momentos con mi padre y verlo contento y feliz. Y ser feliz también yo.
Es horrible ver que la gente que administra Triple A le ha anexado a su nombre la etiqueta Worldwide porque está usando la dinámica comercial que domina al mundo: no importa lo malo que esté nuestro prodcuto, lo importante es que el público ha pagado. Si no les gusta se pueden retirar. Si deciden quedarse pueden hacerlo y consumir todo los que les ofrecemos a precios estratosféricos.
Es horrible y triste wagnermaniacos.
Mal, mal, mal, mal.
