Y aunque el título hace notar que hay odio en mi ser, me encuentro muy tranquilo y feliz como hace muchos años no estaba a pesar de Trump, EPN, AMLO, MAME, los gasolinazos, los partidos políticos, la falta de frappes bien hechos en Starbucks, la media hora de comerciales en los cines y un largo etc.
Me encabrona la dinámica pendeja en la que se han colocado la mayoría de mis paisanos, parientes, amigos, conocidos y anexas. Esa parte de demostrar que no somos un país de jodidos y que todo lo que nos vendan lo vamos a comprar porque Salinas dijo en aquellos lejanos noventas que eramos un país que estaba en transición al Primer Mundo.
¡Esa mamada!
Lo peor es que la mayoría de la banda se creyó ese pinche choro y creo que desde entonces (porque la neta no tengo una noción clara del momento preciso cuando empezó esta madre) en México tenemos que demostrar que aunque sea caro, lo podemos comprar, porque los mexicanos somos bien luchones.
Y así, no importó que le quitaran tres pesos al cero o tres ceros al peso o quién sabe qué chingados, pero hay que medirnos por nuestra capacidad de acumular, de gasto y de derroche innecesario.
Porque una cosa es que puedas sustentar tu vida con un techo, comida y vestido.
Ya si tienes para tus comodidades, pos está chido.
Ya de ahí que esas pinches comodidades cuesten un chingo, es otro cantar.
Y así han pasado muchos años en este país, donde debes de tener un carro que corre a 200 km por hora en una vialidad que te pone fotomulta si excedes los 50, donde puedes comprar bolsos de gran marca para usarlos como mochila de diario y viajar en el metro, donde puedes comprar joyas bien caras y llamativas pero viajas con miedo porque te pueden asaltar en una esquina de tu barrio popular a dos cuadras de la vecindad donde vives, donde puedes ser bien culero como ser humano pero tus fotos en redes sociales tiene unos filtros bien lindos de preciosos.
Pero lo que me motiva a escupir este veneno negro que parece coca cola con grenetina y que surge desde mi corazón lleno de coágulos por esos deliciosos tacos que me receto cada todos los días, es esa fijación pendeja de los millenials de demostrar que no importa la carga de trabajo ni lo caro que cueste un concierto. NO.
Lo que importa es demostrar que tienen la capacidad suficiente para diferir sus deudas a 6, 9 o 12 meses sin intereses, lo importante es ir a los conciertos que nuestra CDMX nos provee como la gran capital del espectáculo mundial que es; no importa que nomás conozcan las rolas que Spotify les recomienda, hay que ir porque es lo IN, es de lo que se va a platicar en la oficina o zona de trabajo y pues hay que estar dentro de la plática y el chismorreo.
Lo importante es demostrar que no importa con cuanto nos quiera atorar OCESA y Ticketmaster, por un lado van a las marchas contra las injusticias porque no hay gas para el coche familiar (al cual no le aportan ni 10 varos cuando alguno de sus padres los lleva a la escul), por el otro hacen activismo de likes y se quejan de los precios de los conciertos pero compran con precios que servirían para pagar tres meses de renta, el gas, el fon, la pensión de sus hijos con la madre luchona, en fin.
Eso si me molesta.
Porque yo vengo de un tiempo donde los que ibamos al concierto eramos los que conocíamos a quien tocaba o cantaba o bailaba o se encueraba en la pista tres.
Y ahora van los que tienen para pagar, porque Millenials Mexicanos.
Los que rezamos para que Axl y Slash se juntarán nunca pensamos que saldría tan caro.
Los que añorábamos ver juntos de nuevo a The Pixies nunca pensamos que era necesario tener una Citibanamex a nuestro lado.
Los que nos fuimos a ver a Bjork a la pinche barranca en Guadalajara o en Tajín, nos la superpelamos para el Auditorio (y mis huesos no dan para ir a Toluca y soportar ese pinche cartel nomás para verla un ratito y gastar lo que no hay en comida-hospedaje-traslado).
Y antes de que alguien empiece a chingar conque "todo quieres", "pinche jodido", "comecuandohay", y todas esas mamadas, dejen les digo como dice mi CdeO: Es mi vida, mi blog y muy mi pinche opinión.
Ahora a escuchar mi carpeta de la elfa islandesa, porque nomás pura verga de posibilidad de ir a verla en vivo.
Culeros.
